Somos un matrimonio que comparte el bienestar de los animales y quiere aportar su contribución actuando sobre el terreno de forma directo, alternativa y original. 
Badaboom Expedition es un dominio registrado. Su finalidad es puramente informativa. No es una marca comercial ni tiene ánimo de lucro. Nace de la necesidad de ayudar a los animales en peligro. No se limita a fronteras, ni a continentes. El ámbito de esta ayuda abarca todo el planeta. Buscamos a alguien que nos apoye y crea en nosotros.

Somos Salvo y Marina + Pipa


 Salvo

Me describo como inquieta, capaz, voluntariosa, curiosa, testaruda y tenaz. A veces me propongo metas que parecen inalcanzables, pero con la certeza de que haré cualquier cosa por conseguirlas. En mi vida he tenido varios trabajos, me he mudado de casa a menudo y, con el tiempo, me he ido a vivir fuera, pero la constante que nunca me ha abandonado es mi pasión por las cuatro ruedas mezclada con la que siento por los animales. Nadie sabe si es una pasión o una enfermedad, pero si tengo que enfermar, ¡que sea esto!

1981


 Marina

1989

Nacido y criado en mis montañas natales de los Grisones, de las que me cuesta separarme. Soy abierta y comprensiva, siempre dispuesta a ayudar si alguien lo necesita. Tengo mis propias ideas, mis propias visiones, y a menudo me dicen lo fácil que es hablar conmigo. Quizá por mi carácter o quizá simplemente porque soy Marina. Conmigo es difícil discutir y aunque ocurra es imposible no reírse de ello.


 Pipa

2013

Me llamo Pipa pero mis amigos me llaman 'bibi', tengo 11 años, pero contando los míos ya soy pensionista. Soy de raza mestiza y eso me convierte en un chucho, ¡en todos los sentidos de la palabra! Tengo el típico carácter bordercollie, inquieto, nervioso, juguetón y un coñazo. Me gusta estar al aire libre y olisquear todo lo que puedo. Me gusta comer y adoro la cocina italiana. Salvo y Marina se desviven por darme una vida de ensueño. Desde que nací, toda la atención se centra en mí. No importa qué, dónde o cuándo, siempre estoy en el primer plano de sus pensamientos. Me cuidan, me quieren y, en cierto modo, soy su hijo. ¡Ojalá todos mis semejantes fueran así! Me encanta viajar y no importa adónde. Mar, montaña o campo, siempre nos divertimos explorando lugares nuevos e interesantes. No sé cuántos vehículos hemos cambiado ya, pero cada vez tengo mi rincón de confort en cada uno de ellos. Son buenos en eso y siempre prestan atención a los detalles. En resumen, ¡no se puede hacer mejor! ¡No soy un perro!

Sé que están trabajando en un gran proyecto, hace tiempo que oigo hablar de camiones en casa... No sé exactamente de qué se trata, pero espero que Salvo y Marina hagan todo lo posible por llevarlo a cabo en los próximos años, ¡mientras yo siga vivo! ¡Me encantaría poder volver a viajar con ellos!


Nuestra historia

Hoy más que nunca, la humanidad está constantemente llamada a apoyar y ayudar a las víctimas de las guerras, a los enfermos, a los débiles, a los que lo han perdido todo... Esa ayuda es quizá la más noble de todas, forma parte de nuestra naturaleza ayudar a los necesitados, y afortunadamente cada vez encontramos más gente en el mundo dispuesta a hacerlo. Ahora bien, como suele ocurrir, la mayoría olvida, o simplemente ignora, que en este planeta también viven otros seres vivos, y ¿quién se preocupa de ellos?

Badaboom Expedition nació en Suiza, más concretamente en Davos-Wiesen, un pequeño pueblo de montaña de poco más de 400 habitantes, perfectamente enclavado en las cumbres del cantón de los Grisones. Somos un matrimonio, Salvo y Marina, dos suizos normales y corrientes que decidieron implicarse por una causa más que justificada. Nuestro amor por el mundo animal nos ha llevado a lo largo de los años a una posición inevitable en su defensa. Con nuestro proyecto queremos demostrar que dos personas corrientes como nosotros pueden aportar una ayuda concreta y sobre todo real.

Nuestra forma de vivir, pensar y actuar puede calificarse de SIMPLE. No tomamos partido político, no somos activistas y, sobre todo, no seguimos tendencias. Nuestra vida está hecha de pastos, montañas, hierba fresca e inviernos nevados. Estamos acostumbrados a arreglárnoslas en cualquier situación y a encontrar soluciones para salir adelante. Durante nuestros viajes On The Road, a menudo nos hemos encontrado en situaciones desagradables y a veces peligrosas. Pero, como siempre, nuestra sabiduría y sencillez siempre nos han ayudado a salir de ellas. A lo largo de los años, nuestros viajes nos han llevado a muchos lugares, algunos hermosos y otros feos, pero siempre conscientes de que el mundo es hermoso porque es variado.

¡Nos hemos enfrentado a tristes realidades, que a nuestros ojos suizos parecían ciencia ficción! Comprendimos y aceptamos que no todas las personas del mundo son igual de afortunadas.

Personas desesperadas, tumbadas en las aceras con una caja de cartón por cama. Sin embargo, curiosamente, por cada indigente que conocíamos y con el que a veces charlábamos, siempre había un perro sentado a su lado. No le importaba lo pobre que fuera su amo ni la ropa que llevara. Se sentaba a su lado y se dejaba acariciar, tal vez unas galletas y un rasguño detrás de las orejas, y luego volvía a sentarse junto a su pobre amo. Nos dimos cuenta de que aquel perro representaba toda su vida para aquel pobre hombre de la acera. Nos confesó que no tenía nada, que no tenía zapatos, que no tenía chaqueta impermeable, que no tenía dónde dormir y que a veces pensaba que acabaría con todo. Pero también nos dijo que la única motivación que le mantenía vivo era cuidar de su perro. En ese momento nos dimos cuenta de que ayudando al perro también le estaríamos ayudando a él.

Así nació la idea de encontrar una forma concreta de ayudarle. Así que fuimos al centro comercial más cercano y compramos comida, una manta, un cuenco, un spray antiparasitario, una botella de agua y un pequeño juguete. Lo metimos todo en una pequeña mochila impermeable y volvimos con él. Al perro le encantó, tanto que no pudo contener la cola. Comió, bebió y jugó. El pobre del pavimento, en cambio, ¡estaba llorando! No paraba de darnos las gracias y no quería que nos fuéramos. Nos dijo que su día había logrado su propósito, a saber, ver feliz a su perro. ¡Nos dijo que en el mundo dos personas como nosotros marcarían la diferencia!

Siguiendo sus palabras, nos dimos cuenta de que aquella mochila llena de objetos hacía feliz a un perro, ¡pero al mismo tiempo daba a un ser humano una motivación extra para seguir viviendo!

Basándonos en esta historia, nuestro proyecto es tan sencillo como factible. A bordo de nuestro camión autoconstruido, podremos llegar a todo el mundo en la calle, y así repetir nuestra historia una y otra vez. Tendremos un prototipo de "bolsa" que distribuiremos gratuitamente, no daremos dinero a asociaciones ni nos dejaremos engañar por fundaciones con promesas dudosas. No tendremos intermediarios, ¡seremos Salvo y Marina, que se detendrán en las calles del mundo y ofrecerán su mochila a los pobres! Pondremos nuestra cara, nombre y apellidos, y así seremos juzgados directamente por nuestro trabajo, al no tener patrocinadores no seremos esclavos de contratos y marcas y sobre todo decidiremos por nosotros mismos a qué parte del mundo ir y a quién ayudar.